dilluns, 2 de març de 2015

te deseo, yo más


Un rostro, un saludo, un qué tal, todo bien, una frase, un relato, una foto, una semana, una cita, un lugar, una hora, un abrazo, un te muerdo, no puedo, un café, con hielo, un paseo, una ermita, un camino, te deseo, yo más.

para el tiempo


Para el tiempo. ​Viajar provoca una sensación especial, regenera, aunque sea momentánea, ilusoria, aunque nada haya cambiado en tu vida más allá del lugar en que ocupas en el mundo. Así se sintió subida en ese tren, entre el ayer y el mañana, en el hoy, como si nada hubiera pasado y nada hubiera de suceder más allá del ahora. Pero a su vez sentía la necesidad de escribir, vaciar sus sentimientos, desatar nudos antes de llegar a ese mañana. No sabía por donde empezar. Por el principio, se decía delante la hoja en blanco. Pero no sabía cual era su principio, sentía haber vivido ya muchos principios y muchos finales, morir para volver a nacer, más fuerte.

Odio. Nunca se quejaba de la vida, la dada era la mejor que podía recibir, sin ella no hubiera tenido a sus hijos, ni serían quien son, y llegar a su edad ya sintiendo una gran paz interior era un regalo del camino. Otra cosa era el odio que propinaban algunos contra ella, el ​desear ​verla hundida. Le había dejado de doler. Ella desterró hace tiempo este sentimiento de su corazón. Puede que fuera este exilio lo que le dejaba vivir en paz​. ​A​ pesar ​​del vendaval era incapaz de sentir odio, sólo sentía tristeza, mucha tristeza, así se lo dijo en una de sus últimas conversaciones mirándose a la cara.
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dijous, 29 de gener de 2015

el viaje {3}

Le gustaba el otoño, donde la vida caduca, todo se transforma. El paisaje se tiñe de amarillos y ocres, nuevos manjares salen de las cocinas, sopas humeantes, tartas suculentas, nuevos frutos llenan despensas preparando el largo y frío invierno, cuando termina él llega la Navidad. Antes le gustaba la Navidad, pero llevaba unos años que le era un puro trámite. A lo mejor si hubiera tenido niños. Viéndolos ahí pegados a la ventana, mirando cómo termina el otoño fuera y nos invade el invierno, pensó en como hubiera sido su vida con ellos, seguramente como la de su compañera, seguramente distinta, aunque luego se hubiera planteado como hubiera sido sin ellos, probablemente ella lo hace. Somos así de curiosos los seres humanos, siempre haciéndonos preguntas sin respuesta alguna. Aquel año el otoño había tardado en llegar, pero una buena mañana, ya instalado en las copas de los árboles, una ventada se lo llevó de golpe, la misma mañana de sábado que decidió no seguir muriendo, hacer las maletas y tomar ese tren.

Ensimismados ante el paisaje, que ante su atenta mirada también iría mudando su aspecto tras cada paso en el camino, las tierras del norte decían ser más frías, el mayor de los chicos se dirigió a su madre y le preguntó si había algo para comer.

-¡Tengo hambre!, le dijo con tono y mirada apenada de aquel que hace un lustro que no come nada.

Mi compañera removió entre sus bártulos y como el mago saca de su chistera un conejo, una paloma, ella sacó una suculenta tarta de manzana y moras silvestres, que con su olor enseguida impregnó toda la cabina del aroma otoñal que recordaba también salir de su horno hacía apenas unos días.  Los chicos dejaron que el tiempo hiciera su curso fuera y se dedicaron con delirio a aquella exquisitez. Con sus sonrisas y miradas le invitaron también a ello.

dissabte, 24 de gener de 2015

carta a la tristeza


Tristeza, hoy busco ríos, busco lagos, busco lugar donde ahogarte. Mis letras son mi mar, que naufragan en medio la tempestad. Intento mantenerme erguida, pero la vida me tumba, la vida sin sentido, pero mi ser, fuerte, me levanta otra vez, esperanzada.

Un día te casas, pensando que te quiere, que querrá a sus hijos, y no se quiere ni él. Es la vida sin sentido, donde me siento moribunda, donde me desangro con cada lágrima, con cada golpe.

Hoy un extraño en medio la ciudad se ha acercado a mi, me ha dado la mano y me ha deseado suerte, como si supiera de ti, instalada en mi. La he tomado, la mano y la suerte, y me ha regalado una leve sonrisa en mis labios. Le he deseado lo mismo. Esta es la otra vida, la de las personas, las que llaman locas, la que yo amo.

Con el paso de las horas dueles menos, me hago a ti, la ciudad ayuda, la infinidad de caras, de historias. Eres una mas.

Tristeza, quiero nadar a tu lado, enséñame a ello.

dimarts, 20 de gener de 2015

el viaje {2}

Hoy era el primer día del resto de sus días, donde empieza una semana, un mes, un año, una vida que elige vivir a su manera, a pesar de las muchas bifurcaciones del camino, con sus subidas y bajadas, donde caer para volver a levantarse. Siente que la vida de uno puede llegar a ser muy valiosa una vez despojada de todo aquello inculcado que la hace desmerecer, que el pasado no condiciona el presente, y el futuro aún está por escribir, es futuro.

Su tren acababa de arrancar, y su compañera de viaje seguía garabateando sobre su papel en blanco, esa historia que también ella quería escribir a su manera, aunque fuera con ese equipaje de mano un poco más cargado. Los muchachos habían dejado la consola a un lado y con sus narices pegadas al cristal veían pasar el paisaje a la velocidad del tren, arboledas de zonas húmedas aún cubiertas por la niebla matinal.

Ella también iba con su inseparable, una cámara con la que hasta entonces había captado su día a día, sus cielos, su mar, sus sentimientos. Sus fotos eran transparentes como su alma, frágiles como su corazón, y a pesar del tiempo todo seguía imperturbable en ellas. A partir de entonces serían testimonio de aquel viaje, junto a las letras de su querida compañera.

divendres, 9 de gener de 2015

el viaje



​​Cogió el primer tren con destino a ninguna parte, su corazón seguía haciendo de las suyas, y como tras cada huida, dejando rastros del que nunca volvería a ser. A veces su mente soñadora imaginaba a un coleccionista de trozos de corazones rotos, como Nino en Amélie coleccionaba las fotos desechadas en el fotomatón, pedacitos de la vida de otros. A lo mejor algún día lo tendría que buscar si le hacía falta uno nuevo, aunque fuera montado a piezas.

Esta vez arrastraba una maleta vacía, como dice la canción, desnuda igual que nació. Siempre le gustó esta canción, el irse a vivir a otra vida sin llevarse nada de lo que ya es pasado. Puede que esta vez la huida hubiera sido a tiempo.

En el compartimento del tren encontró ya instalados los que serían sus compañeros de viaje, una mujer con dos chicos de edades pubescentes. Al saludarla observó su equipaje de mano, no era tan ligero como el suyo, ella viajaba con pasado, presente e incluso puede que con futuro. Se sorprendió verla emprender aquel viaje, pero a su vez se alegró de su compañía, se la veía una mujer afable.

No era mucho lo que esperaba de aquel viaje, ni tan sólo llegar a ninguna parte, pero si el sentir como su corazón va sanando de los rasguños de esas vidas ya vividas, y que el tren arrancara de una puñetera vez. Llevaban ya media hora de retraso, temía que en cualquier momento su vida anterior la pudiera volver a buscar. A diferencia de ella a su compañera de viaje se la veía más tranquila, durante la espera a la partida del tren estuvo escribiendo en una libreta. ¿Un diario de viaje? Siempre le hubiera gustado escribir un diario, pero era un desastre en constancia y nunca lo logró.

-¿Qué escribes?

-Poesía. ¿Quieres que te lea un verso?

-¡Si, por favor!

​-​'Que el frío arrope mi piel de tus caricias,
mis labios de tus besos,
mi corazón de sentir.'

-¡Es precioso!

-¿Te gustó?

-¡Si, mucho! ¿Qué te llevó a escribir?

-Fue una necesidad, una forma de decir sin hablar, de sentir sin tocar, de amar sin esperar, de vivir para no morir.

En ese instante se hizo un silencio sepulcral entre ellas en la cabina, tan sólo roto por los sutiles clics de la consola de los muchachos y el inicio de la marcha del tren, de un camino que por alguna razón sentía que las dos lo harían sobre los mismos pies.

dilluns, 5 de gener de 2015

noche de Reyes


En mi memoria, en aquel lugar donde guardo recuerdos de infancia, cuando la edad de la inocencia me permitía vivir con sonrisa constante, cuando los sueños no eran sueños sinó verdades, cuando los Reyes Magos eran magos, este rincón del disco duro que es mi cerebro hoy me regala los pocos recuerdos que me quedan de este día. Esa única vez en brazos de mi padre viendo la cabalgata, no sé si es de tantas veces que me lo contaro que lo transformé en recuerdo, una cabecita entrando en mi habitación proclamando a los cuatro vientos que los Reyes ya han pasado, una escalera de trenta peldaños conviertiéndose en de diez, una habitación llena de regalos, que no eran tantos, pero mi pequeña estatura a lo Alicia en el País de las Maravillas después de beberse la poción hacía que todo fuera gigantesco.

Hoy mis escaleras no tienen diez peldaños, ni hay una habitación con regalos, y algunos sueños siguen siendo sueños, pero hoy es una noche mágica, y cerraré mis ojos con la misma ilusión de esa niña que un día midió venticinco centrímetros de altura(1).

(1)Sin embargo, aquella botella no llevaba la indicación «veneno», así que Alicia se atrevió a probar el contenido, y, encontrándolo muy agradable (tenía, de hecho, una mezcla de sabores a tarta de cerezas, almíbar, piña, pavo asado, caramelo y tostadas calientes con mantequilla),se lo acabó en un santiamén.-¡Qué sensación más extraña! -dijo Alicia-. Me debo estar encogiendo como un telescopio. Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín.

Fragmento de 'Alicia en el país de las maravillas'.

dissabte, 3 de gener de 2015

la habitación



En su conversación telefónica la casera le dijo que serían trescientos euros al mes. No había encontrado nada más económico a esas alturas del curso académico, cuando Julio le llamó para decirle que había una vacante en su universidad no se lo pensó dos veces, hizo las maletas, y salió corriendo de su vida.

Su aspecto era austero. Aún olía a un último orgasmo, puede de hacía unas horas, incluso unos días. La única ventana de que disponía no podía abrirse al mundo. Encima de la única mesita yacían restos de algún amor clandestino, puede que en busca de un lugar mas seguro. A ella le iría bien para usar su ordenador. Las marcas en la pared encima de un radiador, donde en su día había colgado un cuadro, le decían que allí hacía un tiempo se pasaba menos frío. Seguramente los amantes nunca lo echaron en falta. Ella se tendría que proveer de alguna estufa, anunciaban un invierno frío. La cama le pareció un poco estrecha. Pensó nuevamente en los amantes, le parecía sentir aun su presencia, consumiendo anhelos ante  la inevitable despedida. Elevó la mirada hacia el cielo en busca de aire, y topó con ella, una enorme mancha de humedad en el techo. En ese momento pensó en si no hubiera sido mejor aceptar la invitación de Julio, hasta encontrar un lugar en mejores condiciones.

- Me la quedo, le dijo a la casera que restaba en silencio tras sus gafas bifocales a la espera de una respuesta. No sabía si soportaría vivir sin Marco, ese trozo de su vida que tras cada fugaz visita se llevaba un trozo de su corazón, un trozo de su ser.